
Algunas madrugadas veo salir el sol en los grandes ventanales de la habitación; en cada amanecer el mundo se crea de nuevo,se tiñe el cielo en tonos de naranja y se levanta sobre el agua el vapor de la noche,envolviendo el paisaje en encajes brumosos,como una delicada pintura japonesa.Soy una balsa sin rumbo navegando en un mar de pena.En estos largos meses me he ido pelando como una cebolla, velo a velo,cambiando,ya no soy la misma mujer,las circunstancias actuales me han dado la oportunidad de mirar dentro de mí y descubrir esos espacios interiores, vacíos, oscuros y extrañamente apacibles,donde nunca antes había explorado.Son lugares sagrados y para llegar a ellos debo recorrer un camino angosto y lleno de obstáculos,vencer las fieras de la imaginación que me salen al paso.Cuando el terror me paraliza,cierro los ojos y me abandono con la sensación de sumergirme en aguas revueltas,entre los golpes furiosos del oleaje.Por unos instantes que son en verdad eternos,creo q me estoy muriendo,pero poco a poco comprendo que sigo viva a pesar de todo,porque en el feroz torbellinohay un resquicio misericordioso que me permite respirar.Me dejo arrastrar sin oponer resistencia y poco a poco el miedo retrocede.Flotando entro en una caverna submarina y allí me quedo un rato en reposo,a salvo de los dragones de la desgracia.Lloro sin sollozos,desgarrada por dentro,como tal vez lloran los animales,pero entonces termina de salir el sol y llega la gata a pedir su desayuno y escucho los pasos de mi madre en la cocina y el olor a café invade la casa.Empieza otro día,como todos los días.


